¿Qué es la Agricultura Libre?

Quisiera iniciar, con este artículo, una serie de reflexiones sobre esto a lo que llamo “Agricultura Libre”. Con estos pensamientos no pretendo juzgar las maneras de hacer de nadie. Sólo quiero expresarme y, tal vez, ayudar a que algunas personas se planteen cosas que no estaban en sus pensamientos hasta ahora. Por supuesto, este concepto no me pertenece y, por tanto, estas reflexiones están abiertas a escuchar otros puntos de vista y seguir creciendo en el camino, que es lo que han hecho hasta ahora.

Alguien podría decir “¡Venga! ¡Otro iluminado vendiendo un nuevo método agrícola innovador que quiere salvar al mundo del hambre y de la emergencia climática!” ¡Qué va, qué va! Yo nunca aspiraría a eso. Ojalá supiera suficiente como para poder proponer medidas para solucionar tales problemas. Con estas reflexiones sólo quiero explicar cómo creo que debe ser la agricultura ecológica del futuro (cercano), que creo que debe romper con muchos de los esquemas del presente. Con toda la humildad, créeme …

La libertad se puede buscar y sentir en diferentes contextos: socio-cultural, ecológico, económico, espiritual, … Me gustaría que este espacio sirviera para inducir a la reflexión y al debate alrededor de esas “libertades”. Al final, la Libertad (con mayúscula) está formada por todas ellas, supongo. Mi pensamiento es que, hoy más que nunca, la agricultura debe tender hacia la libertad, y de ahí esta expresión un poco “hippie” que yo entiendo llena de contenido.

Llevo ya algunos años evolucionando en mi manera de cultivar, intentando que sea coherente con la idea del mundo que quiero. Es eso lo que me lleva a usar la palabra libre. Entre todo lo que anhelo cuando trabajo, es la libertad a lo que doy más importancia. Intento tomar mis propias decisiones; establecer relaciones “comerciales” sanas, basadas en la confianza, la comprensión y la compasión; vivir mi trabajo sin estrés. Pero hay muchas libertades más en las que sigo indagando cada día, incluidas las que no son mías.

Henry David Thoreau sentenciaba en una de sus frases más célebres: “Todo lo bueno es libre y salvaje”. No existe la condición de salvaje sin libertad y, tal vez, no exista la libertad real en algo que no es salvaje. De lo que entiendo por libertad en el trabajo agrícola hablaré extensamente. Por otro lado, cuando hablamos de salvaje en agricultura creo que estamos hablando de conservación de ecosistemas, de biodiversidad, de respeto por la vida, de microbiología del suelo, de sentirse uno con la Naturaleza y de otros aspectos muy interesantes que, opino, deberíamos tener en cuenta en nuestro campo de cultivo. De cualquier manera, bueno, libre y salvaje son términos que se complementan perfectamente en mi manera de entender el mundo.

La agricultura libre no es un modelo agrícola compuesto de una serie de técnicas o procedimientos a seguir. Es una invitación a dar sentido al cultivo de alimentos. En realidad, pretende incidir en todo el sistema, comenzando por el cultivo de los alimentos. El sistema dominante actual, como es evidente, necesita una revisión radical, desde la raíz. El extractivismo desmesurado, la facturación infinita de “bienes de consumo”, la emisión de gases de efecto invernadero, la acumulación de residuos en la Naturaleza, la especulación, la desigualdad, la guerra, el hambre, etc. no nos van a llevar nunca a una libertad integral y real. Nuestra libertad, además, no precisa de que otras personas carezcan de ella… Tal vez este mundo esté diseñado por alguien para que todas vivamos con mil cadenas atadas al tobillo. Cada una de esas cadenas que rompamos será una parcela de libertad conseguida.

Creo que la agricultura ecológica actual se fundamenta básicamente en obtener un producto libre debiocidas y transgénicos, y poco más. En resumen, se centra en el resultado, que sea bueno a nivel individual, para la persona que lo come (que vive, normalmente, en un país rico). No tirar biocidas en la tierra también es positivo, claro. Pero entiendo que “ecológico” significa mucho más: que vela por la T(t)ierra, en su conjunto. Tenemos que pensar en energía, en residuos, en emisiones de gases de efecto invernadero (tres aspectos fundamentales de la huella ecológica), y en responsabilidad social. En estos temas no vale todo. Si no los tenemos en cuenta, estamos haciendo “agricultura pseudo-ecológica industrial” o “agricultura convencional de productos pseudo-ecológicos”.

 

 

La agricultura que defiendo, por tanto, es muy sencilla. Se parece mucho más a la que hacía mi bisabuelo en Alburquerque que a la que me enseñaron en la universidad. No digo, no se me ocurriría nunca, que tengamos que renunciar a los avances que hacen más cómoda la vida del agricultor. Pero defiendo que debemos analizar cada caso y aplicar los medios adecuados con el mínimoimpacto negativo para la Naturaleza . Y siendo conscientes de la situación actual del planeta, con el hambre y la desnutrición de millones de personas, la emergencia climática, la escasez de agua, la extinción de especies, la contaminación de aire y agua, y tantos otros problemas.

La agricultura debe formar parte de un sistema basado en una economía colaborativa, verde, responsable, local, por el bien común, decrecentista; en una educación holística, con los niños y niñas en contacto con la naturaleza, donde los valores y la conciencia son lo más importante; y, ya puestos, en la democracia real, que nos haga poder escoger de verdad quien nos gobierna, pero también qué comemos, cómo se cuida nuestra salud y la de nuestro planeta, qué se hace con nuestros impuestos.

A esta agricultura que quiero le llamo “agricultura libre” y a veces también “agricultura profunda”, y no es ningún método ni ninguna escuela ni ningún sistema, como te digo. De hecho, no es nada en sí misma. Está abierta a todas las aportaciones que hagan que la agricultora pueda trabajar sin ser rehén del mercado global, de las grandes corporaciones químicas y de semillas, de las petroleras, etc. La agricultura que hago es respetuosa con todas las formas de vida, libre en sus planteamientos y su funcionamiento, y bebe de muchas fuentes: tiene mucho de agricultura regenerativa en el marco de la permacultura, algo de biodinámica, de agricultura natural y sinérgica, de agroforestería sucesional, tal vez alguna cosita de biointensiva, con la esencia de la agricultura tradicional y ahora, para rizar el rizo, le estoy intentando añadir la holohomeopatía.

Podemos hablar de cultivos de microorganismos, de fitogeografía, de cromatografías, de diseño en línea clave, de biochar, de biomímesis, de tecnologías intermedias, de biopreparados, de trofobiosis, de pildoración de semillas, de ciclos naturales, de xerojardinería, de entomoecologia, … y, como no, de ecología profunda. Nada que haya inventado yo. Eso sí, de todo lo que cuento he estudiado mucho, lo he puesto en la práctica de diferentes maneras, he introducido variantes, le he dado las vueltas que he podido o sabido. En muchos casos he llegado a sacar conclusiones propias, en otros continúo investigando, en algunos puede que no consiga entender nada. Todo forma parte de mi bagaje en el campo que, para mí, es la vida. Todo forma parte de mí.

Cada propuesta es una herramienta que me ayuda a avanzar, a explicar lo que veo, a mejorar mi relación con la Naturaleza y el cultivo de alimentos. Todos mis caminos, los que encuentro en mi viaje y me hago míos (y tú puedes hacerte tuyos) son paralelos y se cruzan en todas partes, todos me llevan al mismo lugar y cada uno a un nuevo lugar maravilloso. Ojalá, si te da por leerlos, estos escritos te ayuden a encontrar nuevas herramientas para el cuidado de tu huerto, a ver algo nuevo cuando observas la naturaleza a tu alrededor, a participar del conocimiento universal, a cultivar tus alimentos de una manera más libre.

El camino es largo. El árbol más alto nace de una pequeña semilla que sabe que quiere ser árbol. Cada una de nosotras somos una semilla de cambio. Juntos podemos ser el más precioso de los bosques, la más frondosa selva. ¿Seguimos con nuestros sembrares?

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